La paradoja del Mago
Un día, un rey muy poderoso —que además presumía de ser muy sabio— escuchó hablar de un viejo mago llamado Nihil Hie , que se encontraba de visita en su reino. El rey, gran admirador de la magia y de todo lo místico, ordenó que los guardias lo trajeran de inmediato ante su presencia. Cuando el anciano mago y el rey estuvieron frente a frente, este último le exigió que lo deleitara con algunas de las maravillas de las que tanto se hablaba. Durante largo rato, el rey quedó verdaderamente asombrado. Las hazañas del viejo mago parecían desafiar la lógica. Sin embargo, en el último acto, el rey notó algo que lo enfureció: bajo la mano del mago, apenas visible, había una moneda escondida. Sintiendo su inteligencia insultada, el rey exigió una explicación. —Mi señor —respondió Nihil Hie con calma—, soy un mago muy anciano y mis manos ya no son tan hábiles como antes. Le ruego me perdone. No fue mi intención engañarlo. A veces la magia necesita pequeñas ilusiones y ciertas distraccione...