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Mostrando entradas de 2013

La paradoja del Mago

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Un día, un rey muy poderoso —que además presumía de ser muy sabio— escuchó hablar de un viejo mago llamado Nihil Hie , que se encontraba de visita en su reino. El rey, gran admirador de la magia y de todo lo místico, ordenó que los guardias lo trajeran de inmediato ante su presencia. Cuando el anciano mago y el rey estuvieron frente a frente, este último le exigió que lo deleitara con algunas de las maravillas de las que tanto se hablaba. Durante largo rato, el rey quedó verdaderamente asombrado. Las hazañas del viejo mago parecían desafiar la lógica. Sin embargo, en el último acto, el rey notó algo que lo enfureció: bajo la mano del mago, apenas visible, había una moneda escondida. Sintiendo su inteligencia insultada, el rey exigió una explicación. —Mi señor —respondió Nihil Hie con calma—, soy un mago muy anciano y mis manos ya no son tan hábiles como antes. Le ruego me perdone. No fue mi intención engañarlo. A veces la magia necesita pequeñas ilusiones y ciertas distraccione...

La Forma en el Decir

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Hace muchos años, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Al despertar, inquieto por el significado del sueño, mandó llamar a un sabio para que lo interpretara. El sabio escuchó con atención y, tras unos segundos, exclamó: —¡Qué desgracia, mi señor! Cada diente que ha perdido en el sueño representa la muerte de uno de sus parientes. El rostro del Sultán se tornó rojo de ira. —¡Qué insolencia! —gritó—. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! Llamó a los guardias y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde, aún perturbado por el sueño, el Sultán mandó llamar a otro sabio y le contó lo sucedido. Este escuchó con calma, reflexionó un momento y luego dijo: —¡Excelente señor! Una gran dicha le ha sido concedida. Su sueño significa que usted vivirá más tiempo que todos sus parientes. El semblante del Sultán se iluminó con una sonrisa y, complacido, ordenó que le entregaran cien monedas de oro. Cuando el segundo sabio salía del palacio, uno...

El nombre del rey

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Hace mucho tiempo, en un reino muy lejano, existía un rey poderoso que no podía tener hijos. La imposibilidad de dejar descendencia lo llenaba de angustia, pues deseaba heredar su reino y su legado. En su desesperación, acudió a una hechicera, quien le preparó un brebaje mágico que, según dijo, le concedería el deseo de tener un hijo. Meses después de beber el brebaje, la reina anunció que estaba embarazada. La noticia llenó al rey de una alegría inmensa. Durante los nueve meses de espera, su mente estuvo ocupada casi por completo en el hijo que nacería, en el futuro que imaginaba para él y en una premonición que la hechicera había pronunciado: —Tu hijo será un rey de reyes. Llegado el gran día, la reina dio a luz a un varón. Conmovido y agradecido, el rey decidió que su hijo debía llevar un nombre excepcional, uno que estuviera a la altura del destino que le había sido anunciado. Para ello mandó llamar a los seis sabios más sobresalientes del reino y les pidió que encontraran ...

Hacer magia, entretener y ser mago

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Un joven principiante fue a visitar a un viejo y sabio mago y le preguntó: —Maestro, ¿cuál es la diferencia entre hacer magia , entretener y ser mago ? El anciano sonrió. —Estaré encantado de enseñártelo. Esa tarde, el viejo mago le enseñó al joven el juego de los cubiletes. Le explicó cada movimiento con precisión y, cuando cayó la noche, lo envió a casa con una sola indicación: —Practícalo hasta que estés listo para presentarlo en público. Al atardecer del día siguiente, el joven regresó orgulloso. —Maestro, hoy presenté la rutina completa en el mercado. —Excelente —respondió el viejo—. Dime, ¿cómo era tu audiencia? La pregunta tomó al aprendiz por sorpresa. La sonrisa se borró de su rostro. —No estoy muy seguro… —admitió—. La verdad, estaba concentrado en hacer bien el juego. Practiqué toda la noche y logré ejecutar todos los movimientos a la perfección. El viejo asintió. —En ese caso, te felicito. Al ignorar por completo a tu audiencia, has comprendido lo ...

La Leyenda del Mago Oriental

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Cuenta una antigua leyenda que un viejo mago oriental, en el punto más alto de su fama, perdió su brazo derecho. Sufrió profundamente. Con ese brazo había maravillado a miles de niños y adultos; con él había construido su identidad, su oficio, su sentido. Consumido por el dolor y la rabia, maldijo a los dioses del azar. Y fue castigado. La condena fue cruel y precisa: fue encerrado en una mazmorra cuya puerta solo podía abrirse con su mano derecha . Así pasó años de oscuridad, soledad y desesperación, enfrentado una y otra vez a la paradoja de necesitar justo aquello que ya no tenía. Hasta que un día, sin aviso alguno, la puerta se abrió. El mago salió llorando de alegría, convencido de que por fin había sido perdonado. Pero al cruzar el umbral quedó paralizado. Del picaporte de la puerta colgaba su mano. Su mano perdida. Aquella que había maldecido junto con su destino. Había sido ella… quien había venido a rescatarlo.

Eros y Psique: la historia del alma que se transforma

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Hay historias que no solo se leen: se quedan . Esta fue una de ellas para mí desde la primera vez que la encontré. Es uno de mis relatos mitológicos favoritos y aparece en El asno de oro , de Apuleyo, una obra que vale la pena leer con calma, pues está llena de historias que aún hoy siguen hablándonos. Antes de comenzar, un dato curioso que da sentido a todo: la palabra Psique , de donde proviene psicología , significa alma , pero también mariposa . Los griegos creían que, al morir, la esencia de una persona abandonaba el cuerpo en forma de mariposa, con el último aliento. No es casualidad que esta historia hable de amor, sufrimiento y transformación. Ahora sí, comencemos. La historia Hace mucho tiempo vivió una joven llamada Psique , hija de un rey. Su belleza era tan perfecta que despertó los celos de Afrodita , pues los hombres comenzaban a venerar más a la joven que a la propia diosa del amor. Irritada, Afrodita encargó a su hijo Eros que la castigara. Mientras sus her...

EL TEMIDO ENEMIGO

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Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba mucho sentirse poderoso.  Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él necesitaba, además, que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como a la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él era el más poderoso del reino. Invariablemente todos le decían lo mismo: - Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él conoce el futuro. El rey estaba muy celoso del mago pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí. No decían lo mismo del rey. Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba y el rey no er...