Crónica de una sobreviviente.
No recuerdo muy bien cómo empezó todo. Después del primer contacto con otra civilización la humanidad creyó haber alcanzado la cúspide de su destino. Vinieron con palabras dulces, con gestos de amistad, con regalos de conocimiento. Los llamábamos hermanos estelares. Nos enseñaron a curar enfermedades incurables, a cultivar en desiertos, a prolongar la vida. Les abrimos las puertas de nuestros hogares y les dimos asiento en nuestras mesas. Pero pronto descubrimos el precio de su amistad. En Jerusalén apareció la primera verdad: no buscaban aliados, sino ganado. Sus festines estaban hechos de nosotros. Vi cuerpos suspendidos en graneros de acero, niños encerrados como corderos. Comprendimos que los profetas no se habían equivocado al hablar de bestias que vendrían del cielo. Una noche, cuando un alien alzó su cuchilla luminosa sobre un hombre encadenado, la tierra se partió con un rugido. De las profundidades emergió una figura de belleza insoportable y terror absoluto: rizos dorados, al...