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Mostrando entradas de marzo, 2025

Cuando las tijeras no sean suficientes.

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Nunca supe qué enfermedad tenía Marcos. Solo sé que, de un día para otro, dejó de salir a jugar. Yo tenía ocho años, y él era mi mejor amigo. Antes de enfermar, pasábamos las tardes en la calle, corriendo y ensuciándonos hasta que nuestras madres nos llamaban a cenar. Pero entonces algo cambió. Marcos dejó de aparecer. Desde mi casa podía verlo acostado en su cama, con los ojos hundidos y fijos en la ventana. Algo lo observaba desde fuera. Su madre fue la primera en hablar de la lechuza. Contaba que, cuando la noche caía, el ave se posaba en la ventana de Marcos y permanecía inmóvil, como si aguardara algo. En la colonia decían que las lechuzas eran brujas disfrazadas, portadoras de desgracias. Mi madre solo murmuraba un rezo cuando oía esas historias, pero la mamá de Marcos aseguraba que cada vez que la lechuza aparecía, la fiebre de su hijo se disparaba hasta el delirio. La primera vez que la vi, comprendí lo que decía. Era hermosa. Blanca, de un plumaje tan pulcro que parecía brilla...

No viste nada.

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Víctor, asustado, abrió la puerta para ir a ver de dónde procedía el ruido. Un crujido seco y una corriente de aire helado lo recibieron al otro lado. El pasillo estaba oscuro, apenas iluminado por la tenue luz amarillenta de un foco parpadeante en el techo. Las sombras temblaban en las paredes como criaturas espectrales. Avanzó con cautela, sintiendo cómo el suelo de madera crujía bajo sus pies. En el aire flotaba un aroma extraño, una mezcla de humedad, polvo y algo más… algo difícil de definir, como si alguien hubiera dejado una cacerola de leche hirviendo hasta que se quemara. El sonido volvió a escucharse, más fuerte esta vez: un golpe seco, seguido de un arrastrar inquietante. Parecía provenir de la cocina. Tragó saliva y, con los puños apretados, se dirigió hacia allá. Al asomarse, el corazón le dio un vuelco. Frente al refrigerador, la puerta entreabierta y la luz interna titilando como si estuviera a punto de fundirse, algo se movía. Primero pensó que era una rata, pero no. Er...

Cambiar de opinión es un acto científico

​ “No hay nada más científico que cambiar de opinión” Carl Sagan.  Hace más de un siglo, la medicina pasó por una transformación similar a la que hoy enfrenta la psicología. Antes de que existiera la medicina basada en evidencia, los tratamientos médicos se aplicaban más por tradición que por efectividad. Los médicos recetaban sangrías, mercurio y otras prácticas sin pruebas reales de que funcionaran. Algunos pacientes mejoraban, pero muchos otros sufrían consecuencias graves o incluso morían. Cuando la ciencia empezó a demostrar qué tratamientos realmente ayudaban y cuáles eran peligrosos o inútiles, hubo una gran resistencia. Muchos médicos se sintieron atacados, pues creían en sus métodos y los habían usado durante años. Decían que la medicina no podía reducirse solo a experimentos y que cada paciente era único, argumentos que hoy suenan familiares en el debate sobre la psicoterapia. Pese a la oposición, la medicina basada en evidencia se impuso porque demostró que podía salvar ...