Hace tiempo, navegando por internet, me encontré con una historia fascinante: la de Elsie Wright , de 16 años, y su prima Frances Griffith , de apenas 10. Dos niñas que, en el verano de 1918, aseguraron haber fotografiado hadas en el jardín de su casa. Una tarde de julio, Elsie pidió prestada la cámara fotográfica de su padre con la intención de tomarse unas fotos junto a su prima, cerca del arroyo que atravesaba el jardín. El señor Arthur Wright accedió, con la condición de que cuidaran el aparato. Horas después, las niñas regresaron felices y devolvieron la cámara intacta, aunque con algunas placas ya expuestas. Esa noche, al revelar las fotografías, el señor Wright notó unas extrañas manchas blancas frente al rostro de Frances. Cuando preguntó a su hija qué podían ser, Elsie respondió con naturalidad que se trataba de hadas, amigas suyas. Arthur rió ante la ocurrencia y atribuyó las manchas a hojas o papeles movidos por el viento. Días después, en agosto, las niñas volvie...