Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2011

Para pensar: Viktor Frankl

Imagen
“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”

La respuesta está en tus manos

Imagen
Él era un sabio, muy sabio. Todo el pueblo acudía a él con sus penas y problemas, con sus angustias y deseos, con dudas y preguntas. Siempre tenía una respuesta o, al menos, una palabra de consuelo. Sabía observar y, sobre todo, sabía escuchar como pocos. Ella, en cambio, era la niña más traviesa de la comarca. Siempre lista para bromas y trampas, presente en cada pleito callejero e incansable en sus diabluras. Un día decidió enfrentarse al sabio. Pensó para sí: “Voy a tomar un pajarito del nido que he descubierto en el roble más viejo. Lo llevaré escondido entre mis manos. Primero le preguntaré: —¿Qué tengo en mis manos? Seguro responderá: ‘Un pajarito’. Luego le haré otra pregunta: —¿Está vivo o está muerto? Si dice que está muerto, abriré las manos y el pájaro estará vivo. Si dice que está vivo, lo aplastaré antes de abrirlas. De cualquier forma, el sabio se equivocará”. El plan le pareció perfecto. Un rato después, la niña se presentó ante el sabio, con las mejil...

La verdad se construye en el diálogo

Hace aproximadamente un mes tomé una clase sobre filosofía aplicada a la psicología, y algo de lo que vimos se me quedó rondando la cabeza más tiempo del esperado. Hablamos de la verdad. De esa palabra tan usada y, al mismo tiempo, tan poco examinada. Una de las ideas centrales era que la verdad, para ser considerada como tal, necesita poder demostrarse. No basta con creerla; debe sostenerse. El problema aparece cuando relativizamos la verdad. Porque si todo es relativo, también lo es la mentira. Y entonces podría decir, sin problema alguno, que tú nunca leíste este blog, aunque estés aquí leyendo estas líneas. Algo se rompe ahí: las palabras dejan de significar y la realidad se vuelve frágil. En filosofía, a las posturas que adoptamos se les llama creencias justificadas . No creemos las cosas al azar: nuestra experiencia, nuestra historia y lo que hemos vivido nos dan acceso a una parte de la verdad. Pero solo a una parte. Ninguna experiencia individual alcanza a contenerla com...

Las hadas de Cottingley

Imagen
Hace tiempo, navegando por internet, me encontré con una historia fascinante: la de Elsie Wright , de 16 años, y su prima Frances Griffith , de apenas 10. Dos niñas que, en el verano de 1918, aseguraron haber fotografiado hadas en el jardín de su casa. Una tarde de julio, Elsie pidió prestada la cámara fotográfica de su padre con la intención de tomarse unas fotos junto a su prima, cerca del arroyo que atravesaba el jardín. El señor Arthur Wright accedió, con la condición de que cuidaran el aparato. Horas después, las niñas regresaron felices y devolvieron la cámara intacta, aunque con algunas placas ya expuestas. Esa noche, al revelar las fotografías, el señor Wright notó unas extrañas manchas blancas frente al rostro de Frances. Cuando preguntó a su hija qué podían ser, Elsie respondió con naturalidad que se trataba de hadas, amigas suyas. Arthur rió ante la ocurrencia y atribuyó las manchas a hojas o papeles movidos por el viento. Días después, en agosto, las niñas volvie...

Para pensar...

Imagen
“Si la mente puede ir más rápido que la velocidad de la luz y la velocidad del pensamiento es mucho más ágil, entonces una idea puede pasar las barreras del tiempo y el espacio”

Nasrudín siempre elije mal.

Imagen
Todos los días, Nasrudín acudía al mercado a pedir limosna. A la gente le divertía verlo y, en especial, ponerlo a prueba con el mismo truco una y otra vez: le mostraban dos monedas, una de gran valor y otra que valía apenas una décima parte. Nasrudín, sin dudarlo, siempre elegía la moneda de menor valor. La historia se extendió por todo el condado. Día tras día, hombres y mujeres se acercaban solo para repetir el juego, seguros de que Nasrudín volvería a quedarse con la moneda más pequeña. Y así ocurría, siempre. Un día, un hombre generoso, cansado de ver cómo se burlaban de él, lo llamó a un rincón de la plaza y le dijo en voz baja: —Cuando le ofrezcan dos monedas, elija la de mayor valor. Así tendrá más dinero y los demás dejarán de considerarlo un tonto. Nasrudín lo miró con calma y respondió: —El señor tiene razón. Pero si yo eligiera la moneda más valiosa, la gente dejaría de ofrecerme dinero para demostrar que es más lista que yo. Usted no sabe cuánto he reunido grac...

En la parada del camión

Hace unos días me encontraba en la parada de camiones y, como suele ocurrir al menos en Mexicali, no faltan las personas que se acercan a pedir apoyo para distintos centros de rehabilitación. Uno de ellos se aproximó y me ofreció un discurso bien ensayado sobre por qué debería donar dinero: mencionó mujeres embarazadas, personas de la tercera edad y otras frases pensadas para conmover. Yo, como buen estudiante de psicología, decidí no reforzar la conducta y respondí con el ya conocido: —Ahorita no traigo. El hombre dio media vuelta y se marchó murmurando algo. Quiero pensar que decía “que Dios te bendiga”, aunque nunca lo sabré. Justo después, se me acercó otro hombre. Llevaba una mochila muy gastada de Los Rugrats y, con cierto pudor, me dijo: —Disculpe que lo moleste. Llevo apenas unos días en la ciudad. Vengo de Estados Unidos y mi regreso no fue como lo esperaba. He estado buscando trabajo, pero no he encontrado. Me da pena pedir dinero, solo me hacen falta cinco pesos p...

La sopa de pato.

Imagen
Cierto día, un campesino fue a visitar a Nasrudín , atraído por su gran fama y deseoso de conocer de cerca al hombre más ilustre del país. Como muestra de respeto, le llevó de regalo un magnífico pato. El Mulá, honrado por el gesto, invitó al campesino a cenar y a pasar la noche en su casa. Compartieron una exquisita sopa preparada con el pato y, a la mañana siguiente, el campesino regresó a su campiña, feliz de haber convivido unas horas con tan distinguido personaje. Algunos días después, los hijos del campesino viajaron a la ciudad y, de regreso, pasaron por la casa de Nasrudín. —Somos los hijos del hombre que le regaló un pato —se presentaron. El Mulá los recibió cordialmente y los agasajó con sopa de pato. Una semana más tarde, dos jóvenes llamaron a la puerta. —¿Quiénes son ustedes? —preguntó Nasrudín. —Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato. Al oír esto, el Mulá comenzó a lamentar haber aceptado aquel regalo. Sin embargo, puso al mal tiempo buena cara e...

¿Quién es Nasrudín?

Imagen
En muchas de las historias que les contaré aparecerá el Mulá Nasrudín , un personaje mítico de la tradición sufí. Nasrudín es una especie de antihéroe del islam: un protagonista paradójico cuyas historias se han utilizado durante siglos para ilustrar e introducir las enseñanzas sufíes. En cada relato, Nasrudín adopta un papel distinto: puede ser agricultor, padre, juez, comerciante, sabio, maestro o incluso tonto. Esta versatilidad no es casual; es precisamente lo que le permite revelar verdades profundas desde lo cotidiano y lo aparentemente absurdo. Lo maravilloso de estas historias es que ninguna ofrece una enseñanza cerrada. Cada una invita al lector o al oyente a detenerse, cuestionar y reflexionar, descubriendo que, muchas veces, la sabiduría se esconde donde menos se espera.