El eco de la sesión
El terapeuta miró el reloj de la pared. Faltaban quince minutos para que terminara la sesión, pero la ansiedad de su paciente llenaba la habitación como un gas invisible, expandiéndose en cada rincón. Afuera, la lluvia caía con una insistencia casi matemática, golpeando la ventana con un ritmo irregular. —Cuando la ansiedad aparece, ¿qué suele hacer? —preguntó el terapeuta, ajustando levemente sus lentes. El paciente, un hombre de unos treinta y tantos, con el cabello ligeramente desordenado y una camisa azul algo arrugada, miró el suelo. —Camino en círculos. Cierro los ojos y me repito que todo está bien, pero mi cabeza no me cree. Es como si una segunda versión de mí, más oscura, me susurrara que todo va a salir mal. El terapeuta asintió, tomando nota en su libreta. —¿Y si en vez de pelear con esa voz, la escuchara? El paciente frunció el ceño. —¿Escucharla? ¿Y si tiene razón? El terapeuta esbozó una media sonrisa. —Tal vez no se trata de tener razón, sino de entender por qué está ah...