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Mostrando entradas de marzo, 2013

Hacer magia, entretener y ser mago

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Un joven principiante fue a visitar a un viejo y sabio mago y le preguntó: —Maestro, ¿cuál es la diferencia entre hacer magia , entretener y ser mago ? El anciano sonrió. —Estaré encantado de enseñártelo. Esa tarde, el viejo mago le enseñó al joven el juego de los cubiletes. Le explicó cada movimiento con precisión y, cuando cayó la noche, lo envió a casa con una sola indicación: —Practícalo hasta que estés listo para presentarlo en público. Al atardecer del día siguiente, el joven regresó orgulloso. —Maestro, hoy presenté la rutina completa en el mercado. —Excelente —respondió el viejo—. Dime, ¿cómo era tu audiencia? La pregunta tomó al aprendiz por sorpresa. La sonrisa se borró de su rostro. —No estoy muy seguro… —admitió—. La verdad, estaba concentrado en hacer bien el juego. Practiqué toda la noche y logré ejecutar todos los movimientos a la perfección. El viejo asintió. —En ese caso, te felicito. Al ignorar por completo a tu audiencia, has comprendido lo ...

La Leyenda del Mago Oriental

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Cuenta una antigua leyenda que un viejo mago oriental, en el punto más alto de su fama, perdió su brazo derecho. Sufrió profundamente. Con ese brazo había maravillado a miles de niños y adultos; con él había construido su identidad, su oficio, su sentido. Consumido por el dolor y la rabia, maldijo a los dioses del azar. Y fue castigado. La condena fue cruel y precisa: fue encerrado en una mazmorra cuya puerta solo podía abrirse con su mano derecha . Así pasó años de oscuridad, soledad y desesperación, enfrentado una y otra vez a la paradoja de necesitar justo aquello que ya no tenía. Hasta que un día, sin aviso alguno, la puerta se abrió. El mago salió llorando de alegría, convencido de que por fin había sido perdonado. Pero al cruzar el umbral quedó paralizado. Del picaporte de la puerta colgaba su mano. Su mano perdida. Aquella que había maldecido junto con su destino. Había sido ella… quien había venido a rescatarlo.