La Leyenda del Mago Oriental
Cuenta una antigua leyenda que un viejo mago oriental, en el punto más alto
de su fama, perdió su brazo derecho.
Sufrió profundamente. Con ese brazo había maravillado a miles de niños y
adultos; con él había construido su identidad, su oficio, su sentido.
Consumido por el dolor y la rabia, maldijo a los
dioses del azar. Y fue castigado.
La condena fue cruel y precisa: fue encerrado
en una mazmorra cuya puerta solo podía abrirse con su mano derecha. Así pasó años de oscuridad, soledad y
desesperación, enfrentado una y otra vez a la paradoja de necesitar justo
aquello que ya no tenía.
Hasta que un día, sin aviso alguno, la puerta
se abrió.
El mago salió llorando de alegría, convencido
de que por fin había sido perdonado. Pero al cruzar el umbral quedó paralizado.
Del picaporte de la puerta colgaba su mano.
Su mano perdida.
Aquella que había maldecido junto con su destino.
Había sido ella… quien había venido a rescatarlo.

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