“Si la mente puede ir más rápido que la velocidad de la luz y
la velocidad del pensamiento es mucho más ágil, entonces una idea puede pasar
las barreras del tiempo y el espacio”
Una noche, mientras navegaba por YouTube, me encontré con un clásico de los años ochenta: “La última luna” , en la voz de Emmanuel. Siempre fue una canción que me intrigó por su letra. De niño me atrapaba el ritmo; hoy, escuchándola con más atención, me di cuenta de que escondía algo más profundo. Investigando un poco, descubrí que la versión en español fue adaptada por Joaquín Sabina , y que la canción original es de Lucio Dalla , quien afirmó haberla compuesto a partir de sus sueños, mezclándolos con los acontecimientos de su época. No es una canción lineal: es una sucesión de imágenes, de “lunas”, cada una representando una cara distinta de la condición humana. A continuación, propongo una interpretación personal, dividiendo la canción por lunas, como si cada una fuera una estación de la experiencia humana. La séptima luna Era aquella del Luna Park El crepúsculo avanzaba De la feria al bar Mientras tanto el ángel Santo blasfemaba La polución que respiraba M...
Él era un sabio, muy sabio. Todo el pueblo acudía a él con sus penas y problemas, con sus angustias y deseos, con dudas y preguntas. Siempre tenía una respuesta o, al menos, una palabra de consuelo. Sabía observar y, sobre todo, sabía escuchar como pocos. Ella, en cambio, era la niña más traviesa de la comarca. Siempre lista para bromas y trampas, presente en cada pleito callejero e incansable en sus diabluras. Un día decidió enfrentarse al sabio. Pensó para sí: “Voy a tomar un pajarito del nido que he descubierto en el roble más viejo. Lo llevaré escondido entre mis manos. Primero le preguntaré: —¿Qué tengo en mis manos? Seguro responderá: ‘Un pajarito’. Luego le haré otra pregunta: —¿Está vivo o está muerto? Si dice que está muerto, abriré las manos y el pájaro estará vivo. Si dice que está vivo, lo aplastaré antes de abrirlas. De cualquier forma, el sabio se equivocará”. El plan le pareció perfecto. Un rato después, la niña se presentó ante el sabio, con las mejil...
Actualmente me encuentro cursando un diplomado en tanatología. A lo largo de las clases, y al revisar la postura de diversos autores vigentes sobre el duelo, ha surgido en mí una preocupación desde el bienestar psicológico: lo cansado que puede resultar para el doliente no solo atravesar una pérdida, sino cumplir con todo lo que se espera de él durante su proceso. En clase se planteó que la persona que atraviesa un duelo debe “darle sentido” a su pérdida. Esta afirmación abrió en mí una pregunta que considero fundamental: ¿la muerte tiene sentido en sí misma, o somos nosotros (como sociedad y como profesionales) quienes exigimos sentido para poder tolerarla? Al escuchar los modelos teóricos que describen el duelo, me llamó la atención que no se trate únicamente de acompañar a alguien que ha perdido a un ser querido. Pareciera que, además de vivir el dolor, el doliente debe cumplir con una serie de tareas emocionales, cognitivas y sociales que se suman a su sufrimiento. No solo es atrav...
Pienso que te adoro con toda mi alma♥ & eso va contra cualquier barrera:)!
ResponderEliminarexelente!!
ResponderEliminar:)♥
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