Cambiar de opinión es un acto científico

“No hay nada más científico que cambiar de opinión” Carl Sagan. 

Hace más de un siglo, la medicina pasó por una transformación similar a la que hoy enfrenta la psicología. Antes de que existiera la medicina basada en evidencia, los tratamientos médicos se aplicaban más por tradición que por efectividad. Los médicos recetaban sangrías, mercurio y otras prácticas sin pruebas reales de que funcionaran. Algunos pacientes mejoraban, pero muchos otros sufrían consecuencias graves o incluso morían.

Cuando la ciencia empezó a demostrar qué tratamientos realmente ayudaban y cuáles eran peligrosos o inútiles, hubo una gran resistencia. Muchos médicos se sintieron atacados, pues creían en sus métodos y los habían usado durante años. Decían que la medicina no podía reducirse solo a experimentos y que cada paciente era único, argumentos que hoy suenan familiares en el debate sobre la psicoterapia.

Pese a la oposición, la medicina basada en evidencia se impuso porque demostró que podía salvar más vidas y aliviar el sufrimiento de manera efectiva. Hoy nadie iría con un médico que decide un tratamiento solo por tradición o intuición, sin pruebas de que funciona.

Ahora imagina que la psicología está en ese mismo punto de transición. ¿Deberíamos seguir aplicando terapias solo porque “se sienten bien” o porque “a alguien le funcionó”, sin importar si realmente ayudan a la mayoría? O, como pasó en la medicina, ¿deberíamos asegurarnos de que los tratamientos psicológicos sean efectivos y seguros antes de aplicarlos?

La pregunta no es si un enfoque es “bonito” o “profundo”, sino si realmente ayuda. Y la ciencia nos da las herramientas para responderla.

La psicología, como la medicina en su momento, está en un punto de inflexión. No se trata de invalidar la historia o la tradición, sino de preguntarnos: ¿cómo podemos asegurarnos de que realmente estamos ayudando a quienes confían en nosotros?

El conocimiento avanza, y con él, nuestra responsabilidad de ofrecer lo mejor. No significa que todo lo anterior deba descartarse, pero sí que debemos cuestionarlo, investigarlo y, si es necesario, evolucionarlo. Al final, lo importante no es defender un enfoque por lealtad, sino elegir el camino que más alivio y bienestar pueda brindar a quienes buscan ayuda.

Preguntémonos, entonces, ¿qué tipo de psicología queremos construir?

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