La paradoja del Mago
Un día, un rey muy poderoso —que además
presumía de ser muy sabio— escuchó hablar de un viejo mago llamado Nihil Hie,
que se encontraba de visita en su reino. El rey, gran admirador de la magia y
de todo lo místico, ordenó que los guardias lo trajeran de inmediato ante su
presencia.
Cuando el anciano mago y el rey estuvieron
frente a frente, este último le exigió que lo deleitara con algunas de las
maravillas de las que tanto se hablaba.
Durante largo rato, el rey quedó
verdaderamente asombrado. Las hazañas del viejo mago parecían desafiar la
lógica. Sin embargo, en el último acto, el rey notó algo que lo enfureció: bajo
la mano del mago, apenas visible, había una moneda escondida.
Sintiendo su inteligencia insultada, el rey
exigió una explicación.
—Mi señor —respondió Nihil Hie con calma—, soy
un mago muy anciano y mis manos ya no son tan hábiles como antes. Le ruego me
perdone. No fue mi intención engañarlo. A veces la magia necesita pequeñas
ilusiones y ciertas distracciones para poder florecer. Todo lo que usted vio
hoy fueron ilusiones… pero todo lo que sintió, eso sí fue magia.
El rey, incapaz de comprender esas palabras y
convencido de haber sido engañado, ordenó que el mago fuera ahorcado.
Llegada la hora del castigo, y ya más
relajado, el rey decidió darle una última oportunidad. Después de todo, había
pasado un buen rato con su presencia.
En el reino existían dos pilares: el pilar
de la verdad y el pilar de la mentira. El rey explicó:
—Dirás tus últimas palabras. Si lo que dices
es verdad, morirás ahorcado en el pilar de la verdad, con honor. Si es mentira,
morirás en el pilar de la mentira, con deshonra.
El mago reflexionó un instante y dijo:
—Ustedes me ahorcarán en el pilar de la
mentira.
De inmediato, el rey y sus sabios quedaron
atrapados en una paradoja imposible.
No podían ahorcarlo en el pilar de la verdad, porque entonces lo dicho por el
mago sería mentira.
Pero tampoco podían ahorcarlo en el pilar de la mentira, porque entonces lo que
había dicho sería verdad.
Mientras el rey y sus consejeros discutían sin
llegar a acuerdo, sin que nadie se diera cuenta y sin saber cómo, el viejo
Nihil Hie desapareció.
Algunos dicen que el rey lo mandó matar en
secreto. Otros cuentan que escapó hacia otros reinos para seguir deleitando a
niños y adultos. Hay quienes creen que nunca fue un mago, sino un maestro que
quiso enseñarle una lección al rey.
Pero también se dice que el rey, hasta el día
de hoy, sigue preguntándose en cuál de los dos pilares ahorcará al mago… si
alguna vez vuelve a encontrarlo.
Esta historia no trata realmente sobre magia,
sino sobre control.
El rey cree ser sabio porque distingue la
trampa, porque desenmascara la ilusión, porque necesita que la verdad sea
clara, fija y castigable. Pero cuando la realidad no encaja en sus categorías,
pierde el poder que creía tener.
El mago no vence al rey con fuerza ni con
engaño, sino con una pregunta imposible. Le muestra que no todo puede
ser reducido a verdadero o falso, honor o deshonra, ilusión o realidad.
Quizá esa sea la magia más incómoda de todas:
aceptar que hay verdades que no se pueden colgar de ningún pilar.

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