La respuesta está en tus manos


Él era un sabio, muy sabio.
Todo el pueblo acudía a él con sus penas y problemas, con sus angustias y deseos, con dudas y preguntas. Siempre tenía una respuesta o, al menos, una palabra de consuelo. Sabía observar y, sobre todo, sabía escuchar como pocos.

Ella, en cambio, era la niña más traviesa de la comarca. Siempre lista para bromas y trampas, presente en cada pleito callejero e incansable en sus diabluras.

Un día decidió enfrentarse al sabio. Pensó para sí:

“Voy a tomar un pajarito del nido que he descubierto en el roble más viejo. Lo llevaré escondido entre mis manos. Primero le preguntaré:
—¿Qué tengo en mis manos?
Seguro responderá: ‘Un pajarito’.
Luego le haré otra pregunta:
—¿Está vivo o está muerto?

Si dice que está muerto, abriré las manos y el pájaro estará vivo.
Si dice que está vivo, lo aplastaré antes de abrirlas.
De cualquier forma, el sabio se equivocará”.

El plan le pareció perfecto.

Un rato después, la niña se presentó ante el sabio, con las mejillas enrojecidas, la ropa manchada de musgo y un pajarito temblando entre sus manos cerradas.

—Dime, sabio —dijo sin rodeos—, ¿qué tengo en mis manos?

El hombre la miró con calma y respondió:
—Un pajarito asustado.

Era justo la respuesta que ella esperaba.

—Muy bien —continuó la niña, con una sonrisa contenida—. Pero dime ahora, por favor: ¿está vivo o muerto?

No pudo ocultar el brillo de triunfo en sus ojos ni la tensión en sus manos.

El sabio guardó silencio por un momento. Observó a la niña con una mirada serena, casi triste, y dijo suavemente:

—La respuesta está en tus manos.


Esta historia nos recuerda algo fundamental: no todo depende de lo que otros digan o hagan; muchas veces, la respuesta está en nuestras propias manos.

En terapia es común buscar certezas externas:
“Dígame qué hacer”,
“Dígame si esto va a salir bien”,
“Dígame si estoy bien o mal”.

Sin embargo, hay decisiones, emociones y cambios que no pueden resolverse desde afuera. Podemos recibir acompañamiento, orientación y apoyo, pero el resultado final depende de lo que cada persona haga con lo que tiene entre manos.

El sabio no evita la responsabilidad ni responde con una verdad absoluta. Devuelve la pregunta a quien puede decidir. Nos recuerda que tenemos más poder del que a veces reconocemos, incluso cuando ese poder implica elegir con cuidado, asumir consecuencias y hacernos cargo de nuestras acciones.

A veces, la pregunta no es si algo está “bien o mal”, “vivo o muerto”, “posible o imposible”.
La pregunta real es: ¿qué voy a hacer yo con esto que tengo hoy en mis manos?



Comentarios

  1. quiero saber la moraleja bien no se si lo que pienso es lo correcto psicologo carlos j

    ResponderEliminar
  2. muy buen relato fedelobo me gustan tus vídeos

    ResponderEliminar
  3. fue muy interasente esta historia y gran aprendisaje es muy util

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. fue muy interasante esta historia y muy util

    ResponderEliminar
  6. no es lo mismo hueleatraste que atrastehuele

    ResponderEliminar
  7. 8:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::D

    ResponderEliminar
  8. PUEDEN REDACTAR UNA SINTESIS PORFA ES QUE ES PARA UNA TAREA

    ResponderEliminar
  9. me gustaria saber sobre la moraleja porque me interesa mucho

    ResponderEliminar
  10. Quisiera saber sobre la moraleja del cuento

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La última luna: una lectura simbólica

El duelo como exigencia: una reflexión crítica desde el bienestar psicológico